Spoiler Alert

Mas que una invitación a ver, o no ver, una cinta, buscamos entablar un dialogo que enriquezca la experiencia cinematográfica. Asumimos que quienes lean un artículo han visto ya la cinta: no podemos discutir sin revelar el final. Si la película te interesa pero no la has visto, mejor para ti, y para todos, que regreses después de verla. Así la discusión es más a gusto.

Wednesday, November 14, 2018

Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) – 8/10


De chico tímido a símbolo sexual deshinibido, la historia de Freddie Mercury con su banda, conciertos y sesiones de grabación, su vida personal con todo y orgías. Canciones que todos conocemos y momentos de casi histeria colectiva.

Ficha IMDb

La cinta empieza en 1970 con la integración del chico de origen parsi Farrokh Bulsara (Rami Malek) a una banda local, Smile, que acaba de perder a su vocalista, en un bar desconocido en alguna parte de Inglaterra.  Poco a poco el pequeño nuevo de grandes dientes se hace un lugar imprescindible y su seguridad contagia a los demás frente a los empresarios. Innovaciones musicales, peleas, decisiones de ultimo momento, se suceden hasta llegar al gran concierto de Rio de Janeiro y las giras mundiales. Después, parece que la cinta se dedica mas a la vida personal, la confesión de la orientación sexual de Mercury.

Los tres miembros de la banda, el baterista Roger Taylor (Ben Hardy), el guitarrista Brian May (Gwilym Lee), el bajista John Deacon (Joseph Mazzello) acompañan al protagonista, sin que ninguna sobresalga realmente por su carácter o su vida personal.

La cinta tiene sus defectos, en particular una falta de conexión entre los momentos, que parecen mas anécdotas o escenas separadas: cuándo empezaron a patear el suelo para We Will Rock You , porque Freddie toma el micrófono desde el soporte…. Sin embargo, uno se deja llevar por estas canciones que han acompañado desde decenios a todas las fiestas.

Lo que se impone es el magnetismo de una personalidad, de una presencia en escena absolutamente increíbles. Es también la historia de la percepción de la homosexualidad. De un chico afeminado y torpe, pasando por ropa estrafalaria, reflejo también de la moda de los 70’s, se llega a una masculinidad provocativa, seductora para todos, imponente y que utiliza recursos mínimos: el cuerpo y sus movimientos, el pelo corto y el bigote, una playera Marcel, los músculos al desnudo.

La cinta tuvo a dos de los cuatro miembros de Queen como consultores creativos, pero eso no garantiza la verdad histórica de lo que se enseña. Y, de hecho, varios críticos han mencionado errores en los tiempos o los hechos.

Antes que todo, la cinta es emoción, es vibración al sonido de una música conocida e irrepetible. Por eso, la secuencia final, del concierto Live Aid en el estadio Wembley en 1985, es tan imponente. Además de medios espectaculares, en numero de asistentes, en movimientos de cámaras, en cambios de puntos de vista, transmite una fiebre cercana al éxtasis.

La personalidad intima de Freddie Mercury, así como se revela en la cinta, es de un chico frágil, sensible, herido por la vida, temeroso del rechazo. Y que finalmente nunca encuentra su lugar en una vida personal armoniosa Totalmente opuesto a lo que manifiesta en escena. Eso lo vuelve entrañable y le da una profunda humanidad.

Es cierto que algunos temas son tratados en una tonalidad de melodrama fácil, como la relación con el padre (Neil Fox-Roberts) exigente, con la esposa Mary Austin (Lucy Boynton) con el amante aprovechador y representante Paul Prenter (Allen Leech), con la madre comprensiva (Meneka Das). Además, la estructura de película biográfica es de lo mas tradicional y para todo publico, empezando con esa estructura de flashback entre prologo y clímax final.

Pero hay que reconocer la calidad de la fotografía y la reproducción de los atuendos .es un gran tributo a una banda que marcó su época y a un interprete excepcional por su expresión corporal y su amplitud vocal.

Thursday, November 8, 2018

Museo (Alonso Ruizpalacios, 2018) – 8/10


La historia, real, de dos tontos que realizan el atraco del siglo, pero no pueden hacer nada con su botín. Más allá del relato del robo, es la presentación de una época, de una familia y una amistad. El uso de la música es particularmente notable.

Ficha IMDb

Diciembre 1985, las familias mexicanas preparan la navidad con las ansias de cada año, y un poco más, unos meses apenas después del horrible temblor de septiembre. Dos estudiantes de veterinaria y amigos entrañables no tienen realmente un espíritu navideño. Juan Nuñez (Gael García Bernal) no se lleva muy bien con su familia, en particular con su padre (Alfredo Castro), un médico estricto, exigente, hasta intolerante. Como su abuelo acaba de fallecer, recae sobre él la responsabilidad de vestirse de Santa Claus par entregar los regalos a sus sobrinos y primos. Por su parte, Benjamín apodado Wilson (Leonardo Ortizgris) tiene que cuidar a su padre, gravemente enfermo del corazón. Ambos viven en la nueva zona periférica de México, Ciudad Satélite, diseñada por Mathias Goeritz para ser residencia de clase media, son satelucos, como dice Juan con algo de desprecio. Las calles se llaman circuitos, son circulares, contrariamente a la Ciudad de México, y llevan nombres de profesiones. menos los veterinarios.

Enterado por la televisión y su gran sacerdote del momento Jacobo Zabludovsky, que se dará mantenimiento a los conductos de aire del Museo de antropología y historia, Juan decide adelantar su proyecto y, después de asistir a la cena familiar y sus discusiones, después de enseñar al sobrinito donde están los regalos, se reúne con Wilson, aun si este hubiera preferido pasar la Noche Buena con su papá.

El robo se desarrolla en medio de las amplias salas y de un profundo silencio, con un profesionalismo impecable. Las piezas robadas son pequeñas y caben perfectamente en mochilas que los dos jóvenes se llevan en los túneles del aire.

A la mañana siguiente, la noticia es el titular. Alrededor del recalentado, toda la familia está escandalizada. El padre no tiene palabras bastante fuertes para los incapaces, traidores a la patria que merecen ser azotados en público.

Ahora hace falta vender la mercancía. Juan, cabeza pensante, tiene un contacto en Palenque, Bosco (Bernardo Velasco). De ahí llegan a Acapulco con un coleccionista inglés, el señor Graves (Simon Russell Beale). Pero este se niega a comprar estas piezas demasiado valiosas y que, además, no podrían cruzar las fronteras. La última solución podría ser un cierto Jesús Serrano dueño de un antro. Ahí Juan se encuentra con la nueva dueña, Sherezada (Leticia Brédice) con quien pasará una noche loca en la playa. mientras Wilson, que quería volver a México para asistir a su padre en sus últimos momentos, acabó en la Quebrada para ver los clavadistas, sueño de su niñez.

Todo está perdido: las piezas son invendibles, el padre de Wilson está muerto. Solo les queda volver a la ciudad, confesar la verdad y devolver las obras de arte.

La narración se desarrolla según una organización perfecta, como lo fue la planeación del robo. La primera parte corresponde al día de navidad en familia. Una cámara muy móvil se desplaza de un miembro a otro de la familia, sigue las conversaciones, los comentarios, los pequeños desajustes, los chismes. Hay luz, colores, ruido, naturalidad.

La segunda parte es casi religiosa. En la noche y los vastos espacios del museo (reconstituido en los estudios Churubusco) dos pequeñas siluetas actúan con una precisión científica, resultado de semanas de ensayos, que no se muestran en la cinta. Es el suspenso de cualquier película de atraco, pero con una dimensión de respeto, no solo de precaución. El juego de los enfoques, el silencio, los encuadres, los reflejos confiere a esta parte una dimensión casi meditativa. Parece que no roben las piezas para venderlas, sino que las toman por admiración. Este parte es acompañada, como los créditos, por la magnífica música de Silvestre Revueltas para La Noche de los Mayas (Chano Urueta - 1939,con Arturo de Córdova e Isabel Corona y fotografía de Gabriel Figueroa) que resalta la majestuosidad del momento.

Después de un roadmovie de México à Acapulco pasando por Palenque, o sea muchos kilómetros, llevando a los dos cómplices de las ilusiones de riqueza a la toma de conciencia de su estúpido fracaso, la vuelta se cierra en un regreso al punto de partida. Primero Ciudad Satélite y los padres furiosos y consternados; luego el retorno de las obras a su museo. Si Winston deja sus mochilas anónimas en el guardarropa, Juan tiene que poner personalmente la máscara de Pakal, como acariciándola para despedirse después del breve momento de vida que compartieron. Obviamente, este último gesto de amor llama la atención de los guardias. El final casi nos provoca empatía y conmiseración hacia el joven solo en el gran vestíbulo, en medio de guardias dispuestos a disparar.

 Juan es un héroe fracasado, destinado a un triste final. Desde el principio, se ve que no tiene lugar, en la familia, en la universidad, en la ciudad, en la sociedad. Es un solitario acompañado por un amigo fiel, devoto, él que cuenta sus aventuras, que lo admira y se somete. En este papel, Leonardo Ortizgris se lleva toda la admiración por su excelente interpretación.

 La cinta es la descripción de una sociedad y una ciudad en un momento particular. No solo se trata de 1985, de los meses inmediatamente posteriores al temblor que derribó tantos edificios y afectó a tantas familias, se trata también de una sociedad inconsciente del valor de lo que tiene. El robo escandalizó a todos los mexicanos porque cada uno sintió que le robaban algo suyo, así como el penacho de Moctezuma está en un museo en Viena. Sin embargo, en ese momento, el Museo de antropología no tenía un inventario de sus piezas, no había alarmas, no había cámaras de vigilancia. Los guardias debían recorrer kilómetros de salas y, en la noche de Navidad, se juntaron para pasar una feliz velada de comida, tragos y bromas.

Frente a eso, Juan, a pesar de todos sus faltas y deseos de enriquecerse, parece tener un profundo respeto para la herencia maya, o meso americana, como le explica con altura a este viejo inglés, a quien además no quiere vender las piezas por ser extranjero. Su proyecto de robar algo tan llamativo y tan preciado se entiende como una rebelión contra una sociedad que no le deja la posibilidad de ser reconocido, de ser un héroe de la vida cotidiana.

Ese amor y respeto a la herencia se percibe claramente en los créditos de principio, extremadamente sencillos, con simples fotografías de las piezas, acompañados de La noche de los mayas. Como en la música de Revueltas, pasa el amor respetuoso a las raíces. En las dos primeras etapas de la película, se percibe algo mágico, una emoción autentica al contacto con la cultura mexicana.

Sin embargo, la contradicción se percibe en la indecencia de inhalar cocaína usando una de las piezas robadas. Esta incoherencia con el respeto, casi culto a la herencia precolombina, culto a lo que pertenece a la cultura de un pueblo entero, se había anunciado al principio con el traslado, en realidad robo, del monolito de Tláloc, llevado de su pueblo de origen Coatlinchan hasta la entrada del Museo, sin pedirles su opinión a los habitantes. Se robó al pueblo para construir el orgullo del pueblo. Los limites de la honestidad se vuelven muy confusos y se puede entender que unos jóvenes desubicados no sepan bien a bien hasta donde puedan apropiarse algo que, según dice la voz oficial, les pertenece.

Las fotos sucesivas del robo, las fotos de las vitrinas y soportes vacíos dan una idea de la eficiencia de los ladrones, al mismo tiempo que parecen incluir la cinta en un marco documental, como lo hacen las imágenes de época, de la construcción del Museo, del temblor, del traslado de Tláloc, de los noticieros de Zabludovsky. Sin embargo, no hay que olvidar que Ruizpalacios adapta el hecho real. Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina tardaron meses en planificar su delito, tuvieron cómplices y no acabaron como se cuenta en la cinta. Una intención personal guía al director, así como sus propias referencias. Es ahí donde se puede tal vez lamentar la poca originalidad de su segunda parte, muy parecida a varias películas del nuevo cine mexicano, por ejemplo Y tu mamá también (2001) de Alfonso Cuarón.



Monday, November 5, 2018

La Princesse de Montpensier (Bertrand Tavernier, 2010) - 7.5 /10


De una obra notable por su concisión, discreción y elegancia, Tavernier hace una película llena de ruido, acciones y palabras. Interesante para ver una época, no funciona como adaptación.

Ficha IMDb

En el siglo XVI, Francia fue presa de guerras sucesivas, motivadas por la religión protestante que empezaba a tener más adeptos. Algunas duraron años, otras sólo algunos meses. Terminaron en la masacre de la Saint Barthélemy, seguida por la ascensión al trono de un protestante convertido al catolicismo, Enrique IV, quien firmó un tratado de tolerancia para el libre ejercicio de la religión protestante en 1597. Fue casi un siglo de sangre al mismo tiempo que se desarrollaba una de las épocas más interesantes en todas las artes, el Renacimiento.

La princesa de Montpensier (Mélanie Thierry) es una joven de la más alta sociedad, enamorada desde su niñez del hermoso   Henri de Lorraine, Duque de Guise. (Gaspard Ulliel) Pero los matrimonios son asuntos serios y las señoritas nobles y ricas son mercancía de acuerdos entre familias. Marie es primero prometida a Charles, hermano feo del enamorado, para después verse casada con Philippe, príncipe de Montpensier (Grégoire Leprince-Ringuet), ni muy guapo, ni muy enamorado. Cuando su deber militar lo llama al lado del rey Charles IX para la segunda guerra de religión, deja a su esposa en su castillo, al cuidado de su viejo amigo François de Chabannes (Lambert Wilson). Este, que fue antes protestante, pasó del lado católico, sin mucha convicción, pero sobre todo cansado de ver sangre, violencia e intolerancia, igualmente de los dos lados. Fue el maestro de Philippe, le enseño armas, latín, filosofía. Como les lleva unos veinte años a los recién casados, Philippe no teme nada.

Los meses pasan en una convivencia de estudio, observación de la naturaleza y vida pacífica en el austero castillo. Pero la belleza física, la inteligencia de la princesa, su libertad de juicio hace que Chabanens se enamore profundamente de ella. Cuando le declara sus sentimientos, Marie lo rechaza y, sobre todo, manifiesta una total ausencia de consideración para la sensibilidad del que para ella es solo un amigo.

Al volver el esposo, la vida conyugal se instala. Aprovechando una revisión de las fortalezas en la zona con el hermano del rey y gran seductor, Henri, duque de Anjou (Raphael Personnaz), De Guise pasa unos días en el castillo. Marie es una huésped perfecta, de Guise vuelve a sus sentimientos de juventud, Anjou sucumbe à los encantos de Marie, Philippe hace escenas de celos, todo bajo los ojos de Chabannes.

Bodas y fiestas reales llaman a todos a París. Marie finalmente aceptó las déclaraciones de amor de De Guise y sus propios sentimientos al, punto de traicionarse en un quiproquo con Anjou. Un enredo  de máscaras, escondites y secretos llevará a Chabannes a sacrificarse para que el esposo engañado no encuentre el verdadero amante de su esposa.

En un final trágico y absurdo, Chabannes es asesinado como protestante que ya no es, Marie es rechazada por De Guise quien ha encontrado un nuevo partido más interesante, y termina su vida aislada.

De una novela corta, anterior a La Princesse de Clèves, considerada como la primera novela psicológica francesa, Tavernier sacó más de dos horas de película. Al volver de Luisiana donde había rodado In the Electric Mist (2009) con Tommy Lee Jones, quería hacer una película épica y de época, con caballos y combates. La cinta estuvo a punto de no realizarse por cuestiones económicas y fue solo la intervención personal del entonces ministro de cultura, Frédéric Mitterrand, lo que desbloqueó la situación. Se percibe claramente que el texto sirve solamente de pretexto par el director. El se dio gusto y le da gusto a un espectador que busca una cinta en tono de Alexandre Dumas. Magníficos trajes, magníficos caballos, magníficos jardines y palacios.

Pero nada queda del espíritu del texto original, nada de la reserva, de la dignidad típicamente clásicas de Madame de Lafayette. escrita en 1662, la novela corta obedece a todas las exigencias del siglo de Louis XIV: dominar las pulsiones, los instintos, respetar las reglas de là sociedad. nunca decir o enseñar de más. ser conciso, nunca explayarse. Dominar sus sentimientos.

Tavernier no supo o no quiso ponerse al servicio de un texto magnífico, impuso su forma de ver una historia de amor y la historia de una época. El resultado se parece más a La Reine Margot o La Dame de Monsoreau , lo que finalmente resulta poco interesante ya que las novelas de Alexandre Dumas ,además de tener muchísimos lectores, han sido adaptadas en decenas de ocasiones, a veces con gran talento y éxito .