Spoiler Alert

Mas que una invitación a ver, o no ver, una cinta, buscamos entablar un dialogo que enriquezca la experiencia cinematográfica. Asumimos que quienes lean un artículo han visto ya la cinta: no podemos discutir sin revelar el final. Si la película te interesa pero no la has visto, mejor para ti, y para todos, que regreses después de verla. Así la discusión es más a gusto.

Monday, December 25, 2017

Mother! (Darren Aronofsky, 2017) - 9/10

Metáfora con varios significados, historia terrorífica, apasionada, trágica, con interpretaciones fulgurantes, con escenas abominables, se trata de una cinta absolutamente fascinante, de una extraña belleza, que asusta al mismo tiempo que saca de quicio, incomoda o enternece. De estas películas que dan para hablar durante horas.

Ficha IMDb

Después de un principio difícil de entender, con imágenes grises plateadas y llenas de polvo, que poco a poco se precisan y van formando un cuarto con una mujer acostada, la historia empieza. Una pareja vive en una casa solitaria. El (Javier Bardem) es un escritor abandonado por la inspiración ella (Jennifer Lawrence) hace todo para garantizarle un espacio propicio a su delicado trabajo: restaura la casa que fue en parte destruida por un incendio, pinta, construye, empapela paredes, al mismo tiempo que cocina, limpia, lava, etc. La casa es hermosa, antigua, con escaleras, muchos cuartos, sótanos, amplia cocina, varios cuartos de baño. O sea, mucho trabajo para una mujer sola. Pero ella nunca se queja y sigue trabajando para que su hombre este a gusto y que ni el mimo malestar o contrariedad perturbe la posible y tan esperada llegada de la inspiración.

Una noche, toca a la puerta un hombre desconocido (Ed Harris). El decide recibirlo y el hombre cena y pasa la noche, a pesar del evidente descontento de Ella. Pero ¨le se ve feliz y Ella no se atreve a protestar demasiado. La situación se complica un poco cuando, a la mañana siguiente, llega la esposa del visitante (Michelle Pfeiffer). Los dos se instalan como en su casa, sin ninguna reserva ni discreción. Cuando llegan los dos hijos del matrimonio (Brian y Domhnall Gleeson) Ella se siente claramente amenazada y trata de hacer reflexionar a su esposo. Pero es demasiado tarde y las consecuencias se van encadenando. Peleas entre hermanos, muerte, veladas mortuorias, destrucción de la casa, llegada de más y más visitantes destrucción de la casa, Él está feliz, Ella sufre. La casa parece cómplice de la tortura infligida.

Esta casa que por fin vemos de afuera, sola en medio de una pradera, extraña en su belleza arquitectónica y sus colores contrastantes con la naturaleza circundante y despoblada.

Después de unos días de calma y reconstrucción, Él ha reencontrado la inspiración, al mismo tiempo que Ella se ha embarazado. El hombre es ahora feliz y creativo, en todos los sentidos de la palabra. El éxito de su libro de poesía atrae a la casa muchos admiradores, demasiados, que, como en el primer episodio, se vuelven dueños de la casa, con el consentimiento del hombre futuro padre. Ella se ve obligada a refugiarse en un cuarto en el ultimo piso, donde da a luz sola mientras los visitantes organizan una fiesta entre religiosa, poética y orgiástica. Al nacer el bebe, exigen verlo y un duelo silencioso empieza entre padre y madre.

Cuando el escritor logra arrancar el bebe a su madre, lo enseña, lo ofrece a sus admiradores que, para unirse a su ídolo, tomen posesión del recién nacido en un ritual colectivo de antropofagia.

Para vengarse, la madre incendia la casa de su esposo, destruyendo todo antes de ofrecer su propio corazón como ultima prueba de amor. Corazón que se vuelve ceniza y vidrio, en una casa que sale de los grises para volverse real, con una mujer en la cama, junto al poeta.

Así se acaba y vuelve a empezar la historia en sus tres actos: los visitantes, la velada fúnebre, el nacimiento.

Inmediatamente surge un primer significado de la metáfora: Ella es la musa, la mujer inspiradora, infinitamente buena, amorosa sin descanso, que da su vida y su persona para que el artista pueda crear. Este, en su carrera incansable hacia la fama, la sacrifica a la admiración que tanto necesita para vivir. El arte es devorador, se alimenta de los demás. Cuando su fuente de inspiración se agota, escoge otra. La musa es una madre, da sin contar, sin cansarse, sin pedir nada a cambio.
El arte se nutre también del dolor, En Black Swan (Aronofsky - 2010) la bailarina debía sufrir, en su cuerpo y su alma, para llegar a la obra maestra. Aquí, el escritor necesita el sufrimiento de los demás para crear.
Pero Aronofsky dio una explicación diferente. Para él, la madre de su película es la madre naturaleza, que utilizamos, explotamos, de la cual nos nutrimos sin tener ninguna atención para ella, su sufrimiento, agotamiento y muerte. Si el director lo dice, ha de ser cierto. Lo difícil es que la cinta en ningún momento habla de la naturaleza, en ningún momento la enseña. La única toma en exterior es la de la casa en medio de su pradera vacía. Es cierto que esta casa en medio de un espacio amplio y desierto puede significar lo que el hombre moderno ha provocado alrededor de ál. Pero resulta difícil darle a esta única imagen todo el significado de la cinta. Se trata entonces de una metáfora muy, muy implícita y escondida.
Esta significación revelada por el director nos lleva a otras posibles interpretaciones. Una muy lógica es la del funcionamiento de las parejas, y esta sí que es frecuente. La manipulación, la explotación de la mujer por el hombre, acompañadas de todas las estrategias de amenazas, criticas, desprecios y chantajes para que ellas sigan dedicadas ciegamente a la felicidad masculina, son una realidad arcaica que se mantiene a pesar del despertar femenino, de las campañas bien intencionadas, de las tentativas educativas. Esposa, compañera, trabajadora o genitora que demuestra al mundo la capacidad reproductiva del macho, la mujer es entendida como apoyo indiscutible del narcisismo masculino, sin necesidad de agradecimientos, consideraciones o salarios.
La cinta, en su desarrollo irresistible hacia la locura, parece a veces una cinta de Buñuel. Llegan personajes y personajes, se juntan, unen sus fuerzas para utilizar, digerir, destruir a Ella. sí, al principio, la situación parece humorística, cómica por su aspecto absurdo, poco a poco el espectador empieza a entender que no hay límites, que no hay ninguna razón para que el crecimiento en numero y hostilidad, se detenga. Ya no hay reglas. Todo esta fuera de control. La primera secuencia de llegadas, por la muerte de uno de los hijos, da el tono. Pero termina, y se produce un alivio. Cuando empieza la segunda ola de llegadas, la de los admiradores, se entiende que esta no se va a detener. Ella esta perdida. Esta sola. Ella se quedó como la única exenta de locura, la única en contacto con los valores verdaderos, el nacimiento. La única persona normal no puede sobrevivir y tiene que ser sacrificada. Esto recuerda un poco a la Rosemary de Polanski, cuyo bebe es codiciado por los vecinos terroríficos.
Pero otra línea de referencias recorre la cinta. Aronofsky, en su deseo de significados sacados de un referencial cultural humano universal, llama a estructuras fundamentales: la Biblia en su primer libro, El Genesis, libro de la creación. El, el ser innombrable seria Dios, y la casa maravillosa el jardín del edén.  Los visitantes de los primeros días podrían ser Adam y Eva, pareja original modelo de todas las parejas: después de que Ed Harris enseñe la herida que tiene en el costado, aparece su mujer. sus dos hijos celosos Caín y Abel que traten de eliminarse mutuamente. Si la visitante pude muy bien representar una mujer original, modelo de todas las mujeres, sobre todo con su lascivia y sus reproches insidiosos a una Ella atemorizada y poco provocativa, su esposo tiene poca relación con Adam. Pero la mujer toca al objeto prohibido, a la piedra de vidrio, y la rompe lo que pone furioso al poeta. Su desobediencia es el principio de todas las catástrofes que van a seguir. La desgracia ha entrado al paraíso.
Meses mas tarde, Ella dará a luz, después recorrer todos los pisos de la casa, en un lugar apartado. Su hijo le será arrebatado para ofrecerlo a la adoración de los fieles, quienes lo sacrificarán y lo devorarán, volviendo al significado real de la eucaristía. Esta interpretación deja una incógnita: ¿Quién es Ella?  Si al final es la Virgen María quien debió dejar sacrificar a su hijo, no queda totalmente coherente: Cristo fue sacrificado una vez adulto. ¿Y en el resto de la cinta? Pero es cierto que la belleza de Lawrence es la de una madona.
Ella pasa el tiempo aterrorizada, tiene miedo de no complacer a su poeta, de no gustarle suficientemente para que le haga un hijo. Tiene miedo de no poder restaurar la casa, tiene miedo de las fuerzas extrañas que siente escondidas en los rincones y los sótanos. La cámara esta casi todo el tiempo junto a su cara, observando su miedo de muy cerca, o atrás de ella, viendo lo que ella ve. Este Angulo de visión, cerrado al máximo, le impide al espectador entender lo que pasa alrededor. Lo encierra, a él también, en un mundo sin explicaciones.
La mujer no entiende, no se le da alcance a la revelación, es cosa de hombres, de artistas. ¿El acceso a la verdad del mundo será acaso reservado a los hombres? ¿Aronovsky, pareja de Jennifer Lawrence en la vida real, se retrató en esta cinta? ¿Es Ella su ideal de mujer, una mujer que debe morir para que el arte siga?
Escalofriante en varios sentidos, Mother!, además de su belleza formal, da mucho que pensar.




Eaux profondes (Michel Deville, 1981) – 8.5/10

¿Quién manipula a quién? En esta cinta basada sobre una novela de patricia Highsmith, la maestra estadounidense del suspenso, y madre de Tom Ripley, dos esposos extraños se confrontan, se aman y se odian, se desprecian. Una interpretación fascinante de un Jean-Louis Trintignant dueño de todos sus efectos, hipnotizante, escalofriante.

Ficha IMDb

Michel Deville decidió cambiar el lugar de la acción de una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra a las islas anglonormandas, Jersey precisamente. Quitó la pesada herencia de los Puritanos y sus sombrío pasado de cazadores de brujas para remplazarlo por la sombra de Victor Hugo exiliado. Pero supo conservar esta sociedad que se quiere culta, donde todos observan a todos, opinan sobre todos, y critican sin decir nada abiertamente.

Una pareja todavía joven, Mélanie (Isabelle Huppert) y Victor (Jean-Louis Trintignant), padres de Marion (Sandrine Kljajic) llevan la vida social obligada: cenas, bailes, garden-parties, reuniones alrededor de la piscina. Su casa es un encanto de buen gusto, tal como lo amaba la moda de los anos 80’s: flores, maderas finas y cuadros. Su hija va a un colegio privado. él es dueño de una fábrica de perfumes. Este pequeño mundo aprecia sobre todo a   Vic, siempre elegante, reservado, atento con todos, y le tiene una secreta compasión y admiración por la paciencia que manifiesta ante el comportamiento abiertamente coqueto de su esposa, unos años más joven. Solo Henri Valette (Philippe Clévenot), más cercano y más sincero, le reprocha su pasividad y lo anima a reaccionar con más firmeza.

Pero, durante una fiesta, Vic, que cultiva pasatiempos extraños, como la cría de caracoles y la contemplación de sus actividades reproductivas, sale de su pasividad y cuenta con toda seriedad a Joel (Jean-Luc Moreau), que parece ser el amante del día, que mata a los amantes de su mujer. El asesinó a Malcolm, hace unos meses, por mal educado, y nadie sabe dónde está el cuerpo.

Si Joel deja inmediatamente la relación, el anterior, Ralph (Robin Renucci), vuelve de un viaje y viene a pasar mucho tiempo en casa del matrimonio. Cenas larguísimas, prolongadas por veladas donde él y Mélanie bailan, coquetean abiertamente bajo los ojos del esposo, pacientemente ocupado en sus lecturas o sus partidas de ajedrez.

Siempre frio, reservado, Vic no reprocha nada a Mélanie. Paternal y protector, les lleva el desayuno después de la larga noche, arropa a Melanie en su cama, la ayuda a curar su resaca, le pregunta sobre su pipi y el cepillado de sus dientes. Sin embargo, semanas después, aprovecha una noche de cena en casa de los Valette, para matar en la alberca al nuevo amante, Carlo (Christian Benedetti) el musico de bar.

La guerra empieza, Melanie multiplica las tentativas de hacer saber la verdad a todos, apoyada solo por Ralph y Denis Miller (Eric Frey) quien tal vez vio algo la noche del asesinato. Pero su esposo frustra todas las trampas, como el detective Carpentier (Bertrand Bonvoisin) que Melanie trajo bajo la identidad de un investigador especializado en Victor Hugo y que no sabe nada del famoso autor. Cuando llega un empresario interesado en asociarse con Vic, el canadiense Tony Cameron (Bruce Myers), Mélanie lo atrae a sus redes y, juntos, desafían a Victor. La única solución es matar al nuevo amante y tirar su cuerpo al mar.

La investigación policiaca sobre la desaparición del canadiense no lleva a nada. Mélanie y Marion) preparan un día de campo para el cumpleaños de Victor, junto al lugar donde se deshizo del cuerpo. Felices todos, vuelven a casa. Toda huella roja ha desaparecido. Todo está blanco. La pureza volvió.
Este final abierto es invención de Deville y mantiene la ambigüedad sobre la naturaleza de la relación entre esposos, sobre el juego que llevan. ¿es amor-odio? ¿es odio puro? ¿es complicidad criminal? ¿es juego perverso para mantener viva su relación? Patricia Highsmith, mucho más moral, castigaba a su personaje, después de llevar a su lector por un sendero accidentado y sutil de suspenso e intriga, en una focalización interna. Permitía conocer paso a paso este hombre que desprecia a todos, que calcula, que analiza y adivina los pensamientos de los que cruzan su camino.

Esta caracterización del personaje principal, Deville logró transmitirla gracias a la interpretación de Trintignant. Es tal vez uno de los papeles más interesantes, y repulsivos del actor. Juega son su voz, a veces grave, a veces más aguda, su ritmo, inquietante e impasible, dominante y suave a la vez. Nos mantienen a la expectativa, nos obliga a seguirlo, a respirar al mismo ritmo, nos manipula. Frente a él, isabelle Huppert, delgada en extremo y con un pelo cortísimo que la hace lucir como niña, es perversa e infantil, a veces maternal, muchas veces cruel, siempre extraña.

Deville es un director exacto, preciso, como Stanley Kubrick quien lo admiraba y le pidió el doblaje en francés de Full Metal Jacket y Shining, en el cual Trintignant dobló a Jack Nicholson. Como Kubrick cuida cada plano, cada encuadre, cada expresión y cada entonación. Patricia Highsmith reconoció esta cinta como una de las adaptaciones mejor logradas de sus novelas.

La música de Manuel de Falla acompaña a Vic, en sus contemplaciones de caracoles, en su observación lenta de su esposa, en los juegos de reflejos, y las disimulaciones entre puertas y columnas. Vic lo ve todo, nadie lo ve, Melanie ni lo mira. Algunos amigos observan a Vic viendo a Melanie. Nadie dice nada. Es un mundo cerrado, de gente que cree conocerse, que cree saber como comportarse y como los demás deben comportarse.

La cinta, elegante en su forma, sus locaciones, sus interpretaciones, es una joya que da miedo, como estos anillos en forma de serpiente, que fascinan por sus oros y piedras preciosas, pero da la impresión de que podrían cobrar vida en cualquier momento, atacar y morder. La belleza y el control dejan adivinar abismos de maldad perversa.

Leer la novela, ver la película. Dos experiencias igualmente recomendables. 

Sunday, December 24, 2017

The Square (Ruben Ostlund, 2017) - 8.5/10

Palma de Ooro en Cannes en 2017, esta cinta, un poco extraña y muy larga, plantea el tema de la ayuda al prójimo, al mismo tiempo que habla de los nuevos conceptos del arte, del marketing, de las relaciones amorosas. Los temas se imbrican en escenas largas y, sin embargos, bastante agradables de ver.

Ficha IMdb

El tema central es, a final de cuenta, la ayuda a los demás. Es la temática del famoso “cuadrado “de 4 metros por 4, que da su titulo a la película. Este cuadrado se concibió en la vida real por la argentina Lola Arias como la instalación artística de un lugar de protección, donde uno puede sentirse a salvo y contar son el apoyo de los demás. Una entrevista del curador, Christian (Claes Bang) por la periodista gringa Anne (Elizabeth Moss) provoca declaraciones intelectuales, en una confrontación reveladora de los enfoques opuestos entre gente “normal” , imagen del público, y la voz iniciada, la del mundo artista.

Pero, sobre todo, este tema lleva, aunque el espectador no lo entienda inmediatamente, al incidente que vive Christian, incidente que funciona como elemento perturbador para lanzar la acción: en pleno centro de la ciudad, una chica es agredida y llega corriendo al centro de la plaza donde grita por el apoyo de los paseantes. Conociendo el tema de la próxima exhibición del museo, uno piensa que tal vez se trate de una intervención publicitaria para concientizar al público y suscitar su curiosidad hacia dicha exhibición. Casi nadie le contesta a la chica, todos siguen caminando hacia sus ocupaciones. Solo Christian y otro hombre le brindan apoyo, acción de la cual se sentirán muy orgullosos después. Esta escena es como una puesta en abismo dentro de la narración, ya que ejemplifica el tema de la intervención artística que se está preparando y en la promocion de la cual trabaja el curador.

También ejemplifica la actitud actual de la sociedad, que, en su egoísmo, no quiere meterse con los problemas de los demás y, tal vez, ser parte de la solución. De la misma forma, en la cena de beneficencia para recaudar fondos para el museo, y, por ende, para la exposición del “Cuadrado”, nadie interviene cuando el hombre-chango ataca a una de las invitadas.

De esta escena derivarán la mayoría de los problemas de Christian en lo que resta de la cinta, como en un efecto de domino.

En efecto, lo que se presentaba como una solicitud de apoyo es en realidad una trampa. Y Christian pierde teléfono y cartera. La lección de la cinta se voltea al revés: en esta sociedad, no hay que darles crédito a las solicitudes de apoyo. Mejor ser cauto y no arriesgarse ayudando.

El tema del cuadrado es omnipresente, en particular en los encuadres de las escenas, sobre todo de los interiores, y las hermosas tomas de cajas de escaleras.

Otro tema es el del arte conceptual, con las declaraciones de Christian, que parecen salir de un artículo de crítica de arte, o del folleto que acompaña siempre al arte conceptual, en cualquier exhibición, pretendiéndose intelectual. Lo absurdo del discurso y sus contradicciones, como la oposición entre “exhibición” y “no- exhibición”, son puestos en evidencia por Anne, la periodista que perece tener todavía los pies en la tierra. Y El curador mismo ya no sabe que contestar.

En esta misma dirección, el personaje del artista Julian Gijoni (Dominic West) también durante una entrevista, se muestra como “conceptual” por el simple hecho de no encaja con lo oficial de la situación; viste un pijama abajo de su saco. Cuando palabras altisonantes surgen fuera de cuadro, se vuelve muy interesado, como si lo absurdo de su postura se viera justificada y reforzada por la enfermedad mental, el síndrome de Tourette, que las provoca. Pero todo se vuelve aún más falso cuando uno de los asistentes justifica al enfermo y pide respecto hacia sus palabras. Parece que una inmensa espiral de justificaciones se ha puesto en marcha, y que se pierde de vista lo básico del respeto en sociedad. Alguien que perturba, distrae o molesta, debería ser retirado para permitir que se lleve a cabo una actividad pública. En una tolerancia excesiva y falsamente intelectual, la curadora y el artista tratan de incorporar las palabras del enfermo a su propio discurso, ya de por sí, bastante repleto de disparates.

Las nuevas formas que se hacen llamar “arte” aunque ya no exista maneras de evaluar su valor, artístico o intelectual, han reemplazado un arte antiguo que anunciaba claramente sus reglas, a punto de excluir oficialmente a los que no las seguían. El arte antiguo, en la forma tan tradicional de una estatua ecuestre en frente del Palacio real, figurativo y bajamente realista, es derrumbado para dejar el espacio libre para la instalación del “cuadrado”. Ni siquiera se sabe tratarlo con respecto y se vuelve arte desechable o, al menos, desechado, ya que se le trata con bastante descuido.

El arte moderno ya ocupa el espacio del arte tradicional. Las nuevas elites, las intelectuales se han apoderado de los espacios de las viejas elites. El museo de arte contemporáneo ocupa parte del antiguo palacio real y los invitados de una fiesta tipo rave, pueden infiltrarse a los viejos departamentos barrocos y dorados. De la misma forma, la cena de recaudación tiene lugar en unos amplios salones de altos techos y magnifica paredes pintadas.

El nuevo mundo hizo tabula rasa de los valores artísticos del antiguo. ¿Pero que tiene para poner en su lugar? De la misma forma, la vieja solidaridad ya no funciona, tampoco las viejas relaciones amorosas.

Christian está todo el tiempo en pantalla porque es el punto de encuentro de todas las intrigas: la artística, la policiaca, la amorosa. Pero su presencia es en realidad la presencia permanente del conflicto. Su situación indecisa en todos los campos de sus actividades es claramente revelada en la escena, casi final, de la conferencia de prensa sobre su renuncia. No se entiende muy bien si se disculpa de esta renuncia- despido, que sería una afrenta al derecho de expresión, o del video que dejo difundir por negligencia, y que es un ataque a los valores morales, o, al menos, al buen gusto. Ahí se ve a una niña de la calle que explota en el famoso “cuadrado de protección”, su osito de peluche en las manos. Al equipo de marketing le pareció buena estrategia lanzar unas imágenes que puedan volverse virales en las redes sociales.

Esto nos lleva al otro tema apasionante de la cinta, el del marketing del arte: todo se vale para promover un producto, con tal de sorprender, aunque no tenga ninguna relación con dicho producto, ningún contenido artístico y, sobre todo, ningún valor moral.

Otro hilo conductor bastante irónico es el chango de compañía de Anna, chango que ocupa el lugar de un ser humano, repetido a la inversa por el actor Oleg (Terry Notary) que interpreta a un chango en el performance en la cena de beneficencia. Pero esta vez, el actor sale de su papel y vuelve a los instintos bestiales. ¿O será parte de la representación? ¿O será juego perverso para dominar a los asistentes y para ver hasta donde los lleva su miedo, su pasividad y su egoísmo indiferente a una mujer siendo violada? LA voz off de presentación del show les aviso: Quédense inmóviles para los problemas caigan encima de los demás.

Cuando el hombre-chango está a punto de violarla, varios hombres se lanzan finalmente a su ayuda. Y se dedican a linchar al actor. ¿Lo matan? ¿es el en la bolsa de plástico de la imagen siguiente? Ambigüedades del montaje.

La intriga amorosa de Christian y Anne hubiera podido ser evitada, ya que tenía bastante para hacer una cinta en si misma. Pero es bastante divertido asistir a estos dos intercambios, el del condón y el de las sillas, que recuerdan lo absurdo que se puede volver el lenguaje, en diálogos dignos de Ionesco.

La belleza clásica de las imágenes es complementada por un uso de la música que contrasta los estilos: música sinfónica romántica para las escenas violentas o angustiantes mientras un tema moderno, estridente y de ritmo entrecortado acompaña momentos mas pacíficos. Al final, los dos estilos se sobreponen, señal de que todo ya se complicó y que es demasiado tarde para reordenar lo descompuesto.

Muchas cosas ocurren fuera de foco, llegan voces, como el enfermo de Tourette, gritos, como los de la supuesta asaltada, llamadas como las hijas de Christian esperando que les abra la puerta, ruidos en el museo durante la discusión de los amantes, gemidos como el niño herido en las escaleras.

Tal vez se trate de una cinta muy europea, muy de un país sin problemas económicos. Un país donde el desarrollo tecnológico, al dotar a cada uno de una tarjeta bancaria, hace que ya no se tenga dinero en efectivo para dar a los indigentes en la calle. Un país donde las complicaciones intelectuales desplazaron lo básico: respetarse, apoyarse. Algunas escenas, que parecen anodinas, están ahí para recordarlo: las chicas del equipo de animadoras están seguras porque los entrenadores están abajo para detenerlas si llegan a caer.

Esta cinta tiene los defectos de sus cualidades y de sus intenciones. Un actor todo el tiempo a cámara, en planos largos y fijos que necesitan un enorme talento. Diálogos, temas apasionantes, que piden tiempo, mucho tiempo. Pero casi todas las escenas se alargan mas allá del tiempo que el espectador siente como necesario y suficiente.


El final, abierto, llega sin aportar solución. O demasiado tarde, cuando las intrigas principales ya recibieron las suyas. Es a la vez demasiado y demasiado poco. Demasiada reflexión, demasiada denuncia de la sociedad, demasiado tiempo. Tal vez, finalmente, la cinta sea demasiado seria. Tal ve hable de temas demasiado serios sobre los cuales hay demasiado que decir. Tal vez la cinta busque precisamente eso: suscitar preguntas. No dar respuestas. 

Murder on the Orient Express (Kenneth Branagh, 2017) – 6.5/10

El clásico de Agatha Christie, de todos conocido, vuelve a la pantalla con un nuevo Hercule Poirot, más belga que nunca en su hablar, su bigote y sus manías. Una adaptación muy cuidada, con una pléyade de actores famosos pero que decepciona un poco sin que se sepa exactamente por qué.

Ficha IMDb

La verdadera intriga empieza después de un prólogo ágil, en una estructura al estilo James Bond, destinado a enseñar de una buena vez el talento de deducción del detective. Hercule Poirot pertenece a la familia de los detectives inteligentes, los que llegan a la solución por su poder de deducción. Como Sherlock Holmes, es hijo de Dupin y de los asesinatos de la Calle Morgue, nacidos de la mente un tanto torcida de Edgar Allan Poe en 1841. No se interesan mucho en las personas, que generalmente consideran inferiores, pero observan todos los detalles materiales. Y si Poirot tiene nacionalidad belga, no se puede olvidar que su creadora es inglesa.

El prólogo permite también familiarizarse con las nuevas características del belga interpretado por Kenneth Branagh, su bigote, su cultura, su perfecta educación y su poder de seducción con las damas. Es mucho más humano y atractivo que los anteriores Poirot, el de David Suchet y él de Peter Ustinov, que se volvían insoportables bastante rápido.

Puesto en el Expreso de Oriente, en el invierno de 1934, por su amistad con el joven Bouc (Tom Bateman), director del tren, ya que lo llaman de urgencia a Londres, está decidido a pasar un viaje tranquilo y a disfrutar de los lujos

En el mundo cerrado del tren, encuentra unos ejemplares de la condición humana en sus diversas nacionalidades, niveles culturales y sociales. Cuando se descubre el crimen, ya tiene hechas unas observaciones preliminares. Como el espectador ya conoce la solución al crimen, el suspenso es imposible. Todo lo que queda es disfrutar del reparto, prestigioso como el de la gran cinta anterior, la de Sidney Lumet(1974). Hay viejos valores reconocidos como Judy Dench o Michelle Pfeiffer, hay algunos excéntricos como Johnny Depp o William Dafoe, hay jóvenes como Sergei Pulonim. Josh Gad, Leslie Odom Jr. y Daisy Ridley. Casi todos sobreactúan con gusto y, para el gusto del espectador.

Todos tendrán su escena, en la cual podrán dar muestra de todo su talento. Brillan particularmente Johnny Depp, en su papel del malvado, y Michelle Pfeiffer, quien sabe ahora interpretar las bellezas de edad un poco más avanzada, pero con una belleza inalterable. Esta distribución, muy cuidada, permite jugar con las nacionalidades de los actores, después de algunas modificaciones al libro, manteniendo un alto nivel de talento.

El ambiente que debería volverse angustiante por la claustrofobia que genera el estar juntos en un espacio reducido, con un muerto y un criminal, se ve abierto por unas escenas de exterior, en medio de una nieve de un blanco deslumbrante, y por unas tomas interesantes, desde arriba, que aumentan una dimensión a las líneas horizontales de los pasillos. Algunas escenas mas movidas modernizan el estilo y los interrogatorios llevados en partes distintas del tren, hacen pasar un aire casi fresco, un alivio al encierro, que se podría objetar a esta adaptación. La cinta de Lumet iba en el sentido contrario y encerraba al espectador con los sospechosos, bajo al mirada severa e inquisitiva del detective. El ambiente se vuelve también más ligero al mostrar más los lazos que unen a los personajes. Menos distancias entre ellos, casi una familiaridad además de la complicidad. Los ricos dominan menos a los humildes y se vuelven casi iguales en sus dolores y sus necesidades de venganza.

Tal vez se deba a las obligaciones actuales de los políticamente correcto, como lo ejemplifica el hecho de que el Doctor Arbuthnot (Leslie Odom Jr.) sea negro y tenga un romance con una joven blanca.

Kenneth Branagh cuida mucho su personaje, desde su bigote hasta su acento, teatralmente francés, pasando por un porte elegante y ropa perfecta. Le da una dimensión psicológica, en las conversaciones con el retrato de la esposa muerta, dudas, tristezas a las cuales no estábamos acostumbrados con esta mente orgullosamente lógica.
Esta humanización de Poirot lo desvía de los finales implacables en donde acostumbraba juzgar con altivez a los criminales. Esta vez, entiende el dolor humano y los motivos del crimen. Por eso, adapta su decisión final.

La tonalidad general de lujo, de nostalgia de los tiempos vintage, nos da durante hora y media la idea que todos tenían acceso a tales condiciones de viaje, terciopelos, cubiertos y platillos. A eso se le llama en sentido propio distracción, y se disfruta. Todos queremos sentirnos parte de la elite.

El final anuncia claramente que habrá secuela. Y no es para disgustar al espectador que pudo disfrutar de este trabajo excelente en todas sus dimensiones, honestamente concebido y ejecutado, aunque no tenga nada en realidad muy original, o muy estético, o muy rebuscado. Es un excelente trabajo de Branagh para Branagh apoyándose en la calidad de todos sus colaboradores.


Maigret et l 'affaire Saint Fiacre (Jean Delannoy, 1959) - 7/10

Una película triplemente clásica: es clásica por Georges Simenon, autor de la novela y su personaje el comisario Maigret; también es clásica por su intérprete Jean Gabin y además es clásica por su director quién firmó numerosas películas adaptadas de novelas.

Ficha IMDb

Más de 40 años después de dejar el lugar de su infancia, Maigret (Jean Gabin) vuelve al pueblo de Saint Fiacre, llamado por la condesa (Valentine Tessier). Ella recibió una carta anónima que le avisaba de su próxima muerte, antes del miércoles de cenizas.

 La Condesa es ya una señora vieja, viuda, cuyo hijo la abandonó y se dedica a gastar lo que fue la fortuna familiar. En el camino de vuelta al castillo Maigret y la Condesa intercambian recuerdos y se entiende que ella fue el primer amor del niño Maigret quien admiraba sus vestidos de flores, cuando ella llegó a casarse con él Conde de Saint Fiacre, a la edad de 19 años. El pequeño Maigret dejó el castillo a los 13 para irse a estudiar y su padre se quedó como administrador de la propiedad, lo que siempre había hecho.

Al llegar al castillo Maigret se da cuenta de la situación desastrosa en la cual se encuentra: los cuartos ya demasiado amplios están vaciado de muebles, en la biblioteca los estantes ya casi no tienen libros. Solo quedan dos cuadros, uno del Conde y uno de la Condesa cuando jóvenes. también queda una cómoda antigua y aparentemente de mucho valor.

Mientras la Condesa sube a su cuarto a descansar antes de la cena, Maigret conoce a Lucien Sabatier (Robert Hirsch) su secretario, Este joven administra las ventas que han sido necesarias para escapar de la pobreza. Sabatier se muestra muy interesado en el personaje de Maigret, presentado por Madame de Saint Fiacre, como un anticuario.

A la mañana siguiente, deseando hacer el paseo por el pueblo prometido por su anfitriona, Maigret la alcanza en la iglesia, donde ya está asistiendo a la misa de siete.  Después de comulgar, se queda muerta en su banca. Obviamente, no hay ninguna señal, de veneno ni de ninguna arma. El medico encargado de constatar la muerte es Bouchardon (Paul Frankeur) quien fue compañero de escuela de Maigret y le confirma la debilidad cardiaca de su paciente.

Cuando vuelven al castillo llega el hijo, Maurice de Saint Fiacre (Michel Auclair) que supuestamente se había suicidado la noche anterior, así como lo anunció el periódico de la ciudad. Las sospechas se dividen entre el hijo, el secretario, el médico el sacerdote, el padre Jodet (Michel Vitolld) que siempre aparece donde no se le espera, provoca discusiones con quien no debería estar hablando y se escapa de prisa. 
 Maigret se dedica a hacer visitas investigadoras al mismo tiempo que vuelve a sus pasos de niño. Cosecha testimonios, observaciones, chismes, reflexiones de los unos sobre los otros, sobre la Duquesa, su hijo y el secretario.  Se vuelve a ver a sí mismo en el monaguillo que sirve la misa, también juega otra vez a lanzar piedritas para hacer sonar la campana de la puerta. Le hace una visita al nuevo administrador, Gautier (Camille Guerini) que ocupa el alojamiento que él ocupó con sus papás. Como Maigret, el hijo de este, Emile (Serge Rousseau) le debe todo a la Condesa quien lo ayudó para sus estudios. Ocupa ahora un puesto de confianza en el banco de la ciudad próxima

Poco a poco, Maigret, ya identificado como el famoso comisario parisino, se pone sobre la pista del asesino o más bien de los asesinos, de los cómplices que supieron usar de la condición enfermiza de la anciana para matarla de un susto y así tomar posesión del dinero que quedaba después de unas maniobras de ventas poco legítimas.

La novela que se adaptó para la cinta, si no es de las más famosas de las investigaciones del legendario comisario, tiene la originalidad de devolver al comisario al lugar de su infancia, a los orígenes que se juró dejar atrás, a la situación de su padre. Tal vez por esa razón fue adaptada tantas veces, para cine y televisión, y vio a tantos actores tomar la pipa del comisario. Esta relación de humildad obligada, los juegos de confianza y silencios de los trabajadores, indispensables para una familia noble, y que al mismo tiempo saben quedarse en su lugar, este medio de la provincia representa todo lo que el pequeño Maigret quiso huir.

La encuesta de Maigret lo obliga a restablecer el contacto con la gente del pueblo. Si lo hace con gusto con los humildes, como la dueña de la única tienda, los que conocen la verdad, mantiene la distancia y la suspicacia hacia los que o no están dignos de su posición social o tratan de salir de su lugar a base de malversaciones.

Por otro lado, la interpretación de Gabin en el papel del más famoso comisario francés une la celebridad del personaje a la celebridad del actor, Gabin le presta su apariencia fornida y tosca. Un famoso interpreta a un famoso. La adaptación de Delannoy, el uso del blanco y negro en la construcción de un decorado de paredes que parecen de cartón pintado refuerza la fragilidad de un mundo que está desapareciendo.

Además, la música de Jean Prodromidès mantiene un ambiente de suspenso y de angustia que funciona perfectamente bien con esos grises del ambiente de Simenon y con los techos demasiado bajos y con vigas pintadas el siglo 16, que parecen aplastar a todos en el castillo. Es toda una época demasiado alejada, es un mundo de antes al que vuelve Maigret, es el antes de su infancia, el antes de una posición social de sumisión al que quiso escapar, el antes de una nobleza que ya no puede vivir de sus tierras y cuyos hijos ya no tienen la clase, la dignidad y el sentido del honor que tenían los padres.

Si bien no es una película de mucho suspenso en cuestión a la investigación porque el espectador adivina muy rápidamente dónde están los malos por toda la orientación social que filtra en las actitudes del personaje principal y unas actuaciones muy marcadas, la cinta tiene el encanto de las cosas antiguas, las películas bien hechas, bien musicalizadas, bien dirigidas y bien actuadas sobre un guion bien escrito. Ademas, los diálogos de Michel Audiard son una delicia de humor negro y sarcasmos.
 Al lado del gran maestro Jean Gabin se puede ver durante una aparición demasiado corta la  actriz Valentine Tessier con su voz muy peculiar . En el papel del secretario asustado y deshonesto al mismo tiempo que muy nervioso, Robert Hirsch, en ese tiempo todavía muy joven debutante, hace maravillas. Michel Vitold en el papel del sacerdote, con su silueta silenciosa enfrascada en su sotana y su capa negras recuerda mucho al sacerdote de Bernanos. (Le journal d’un curé de campagne – Robert Bresson, 1951). En el papel del hijo ingrato, Michel Auclair demuestra el talento que mantendrá al largo de su carrera, siempre en papeles secundarios de gran calidad.

Definitivamente tenemos ahí un momento de nostalgia por sus temas y por sus cualidades una nostalgia muy valiosa.

Friday, December 8, 2017

Doctor Strange (Scott Derrickson , 2016) - 6.5/10

Unos efectos especiales extraordinarios, que mueven, hacen y deshacen ciudades, casi logran hacernos olvidar la pobreza de la historia contada. Algunos momentos son de verdad vertiginosos

Ficha IMDb

Un gran neurocirujano, el doctor Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) pierde, en un accidente que el mismo provocó, todas sus habilidades manuales. Cansado por una rehabilitación que no da resultados bastante rápidos, y al escuchar por su fisioterapeuta, de un cierto Jonathan Pangborn (Benjamin Bratt), que recuperó en forma milagrosa todas sus capacidades manuales, se decide a buscar por otro lado. Este miraculado le habla de un lugar lejano, Kamar-Tajen, en Katmandú, donde un anciano le dio las claves para dominar su cuerpo. Strange se pone en camino y, después de ser asaltado, llega al lugar secreto. Ahí no es exactamente bien recibido ya que su orgullo no facilita el aprendizaje. Finalmente accede a la humildad, reconoce sus errores y lograr penetrar el mundo de los poderes ocultos. Se ve, a pesar de sus deseos egoístas, mezclado en la lucha contra las fuerzas del mal. Aprende a desplazarse en diferentes dimensiones y a manipular el tiempo. Entró sin darse cuenta, al equipo de los Vengadores.

Cuando su maestro, el Anciano, quien es en realidad una mujer (Tilda Swanson) desaparece, se ve en la obligación de ocupar su lugar. Con su compañero Mordo (Chiwetel Ejiofor), es ahora el encargado de las fuerzas invisibles, de los poderes magnéticos y psíquicos.

La batalla que se libra es el enfrentamiento tradicional entre fuerzas del Bien y fuerzas del Mal, cada uno con poderes iguales, pero con motivos opuestos.

Todo el reparto es de lujo. Benedict Cumberbatch es un magnifico Dr Strange, Altivo, elegante, distante, con su encanto inglés. Junto a él, Tilda Swanson tiene la silueta y la cara afiladas que se merece un maestro en ciencias ocultas, lejos de las consideraciones temporales o prácticas. Los ayudantes, después de unos encuentros un tanto chuscos, encuentran su lugar en la dinámica de una relación conflictiva al mismo tiempo que fructífera con el que será ahora su nuevo jefe. Mordo y Wong (Benedict Wong) se complementan y hacer valer a l Doctor. Son menos torpes, pero más eficientes, al menos al principio.

En frente, el malvado, negro de alma y de intenciones es Kaecilius (Mads Mikkelson), al frente de sus legiones de tatuados. Desgraciadamente, se le ve poco y no hay tiempo para disfrutar de este talento angustiante que mostró con tanta eficacia en la serie televisiva Hannibal.

Pero la historia en si no tiene nada original. Es una forma que parece un tanto artificial de unir un nuevo personaje a la gran familia de los Vengadores, para agregar una nueva rama al universo Marvel. Toda la estructura narrativa es bastante simplista y uno se anticipa muy rápidamente a lo que va a ser el final.

Sin embargo, las imágenes, sobre todo en la segunda parte, cuando Dr Strange domina sus nuevos talentos y cuando la batalla empieza, son realmente extraordinarios. Pisos, paredes, techos, edificios se mueven y se retuercen, vuelan y se precipitan. La realidad se deshace en pedazos y se rehace en otras formas y ordenes Si los cambios en el espacio son así de vertiginosos, los viajes en el tiempo toman la forma de túneles de colores que recuerdan a la secuencia final de 2001: Odisea del espacio. ¡Pero tal vez sea eso señal de lo adelantado que fue Stanley Kubrick!

En realidad, la cinta necesita de la buena voluntad del espectador, hay que aceptar entrar en el juego, para poder entrar en la saga. Hay que aceptar los orígenes de esta miembro de la familia, que ya existía, pero ignorábamos, y que representa la parte espiritual del equipo. Es, comercialmente hablando, la fórmula para abrir una nuevo ángulo narrativo y posibilidades de nuevas películas. Un nuevo héroe con su equipo permitirá nuevas combinaciones de encuentros con los ya conocidos, IronMan, Spiderman, Thor....Así lo adelanta el pequeño episodio post créditos finales, que contrasta,en su tono cómico básico, con la belleza abstracta de unos efectos de colores y formas de periscopios y mándalas de los créditos.

Dr Stange es el pendiente a Tony Strak, igualmente seductores, inteligentes y cínicos, con el mismo complejo de superioridad que puede volverlos antipáticos, uno en el mundo de la tecnología, uno en el mundo de las artes ocultas. Se siente que Stephen Strange viene a llenar un vacío en la familia. Es el primo perdido que retorna a casa.

Algunos detalles se ven bastante infantiles, por no decir ridículos, como esta capa roja, inseparable de cualquier super héroe digno de ser llamado así, y que viene solita posarse sobre los hombres del doctor en ejercicio de superpoder. Un doctor que, obviamente, puede volar, atravesar dimensiones.
Dr Strange es finalmente un divertimiento ligero y agradable, sin complicaciones que permite, par los que se asustaban un poco, conectarse al universo Marvel. Se pone a la altura de adultos como de adolescentes, o hasta niños. Fácil y entretenido.



Sunday, December 3, 2017

1945 (Ferenc Török , 2017) - 9 /10

En una narración de casi la misma duración que los hechos, se prepara, se desarrolla y se soluciona un drama del miedo y la culpabilidad, en un pueblito alejado de todo y sin embargo conectado con los sufrimientos de toda Europa. La fotografía en blanco y negro, así como la música construyen un ambiente de tragedia griega.

Ficha IMDb

Una mañana de 1945, el alcalde de un pueblito cercano a Budapest se prepara para la boda de su hijo. La madre parece no tener muchas ganas de asistir a la ceremonia.

A unos kilómetros del centro, en la estación, llega el tren. Dos hombres desconocidos bajan, su indumentaria los señala como judíos. Traen unas cajas grandes y pesadas que cargan sobre una carriola. Según la documentación, se trata de productos varios, como perfumes y demás artículos que bien podrían venir a vender en el pueblo. La suspicacia gana al jefe de estación quien quiere avisar inmediatamente al alcalde y da órdenes al dueño de la carriola de tomar mucho tiempo para llegar.

Mientras los dos hombres judíos caminan a través de los campos devorados por el sol de agosto, el miedo empieza a invadir el pueblo. Las culpabilidades salen de las memorias. ¿Serán los habitantes judíos del pueblo que fueron denunciados a los nazis para adueñarse de su casa? ¿Vienen para quedarse? ¿Para vengarse?

Los pleitos, de callados, se vuelven abiertos. La autoridad pasada y presente del alcalde es ahora discutida, por su esposa, por su hijo, por los habitantes. La boda no se hará, porque la novia quiere a otro. El hijo se fugará del pueblo, La novia le prenderá fuego a la farmacia de su ex-futuro- suegro.

Pero tanto miedo no tenía razón de ser: los dos hombres vinieron nada mas al cementerio a darle sepultura a sus muertos y rendirles un ultimo homenaje. Una vez cumplido este deber de memoria, se vuelven a ir, atrás de sus cajas, hacia la pequeña estación. Su paso es ahora mas ligero.

Esta cinta es de una simplicidad de medios extraordinaria. Una fotografía en blanco y negro, magnifica, elegante, juega con las sombras y el sol, con el aire que tiembla, y las moscas que rondan. La fidelidad en los ropajes del campo húngaro de los 40’s, en los muebles, las cortinas, recrea documentos de archivos. La cámara aísla las caras, los objetos, observa a través de las ventanas y las cortinas tejidas a gancho. El ritmo es lento como la música que acompaña sin cesar.

El miedo va subiendo porque se siente que el peligro esta en todas partes: es el padre dominante que subyuga a su hijo y trata de hacerlo con su esposa frágil mentalmente, tal vez a fuerza de crueldad psicológica. El que domina económicamente el pueblo y probablemente sexualmente a las mujeres, se hace acompañar siempre de un hombre en uniforme. Este uniforme que recuerda al del padre de Jessica Lange en Music-Box(Costa Gavras -1989), es el de los Cruces Flechadas, milicianos húngaros que se pusieron a las ordenes de los nazis y aprovecharon la situación para maltratar con singular crueldad a los judíos. Cuando los dos visitantes judíos, probablemente padre e hijo, abren su caja para enterrar los objetos de sus muertos, sacan, entre otras cosas, zapatos. Hay zapatos de adultos y de niños, que recuerdan el Monumento a los Zapatos, a la orilla del Danubio. Ahí 20 000 judíos del gueto fueron fusilados entre diciembre de 1944 y finales de 1945. Poco antes del final de la guerra. Poco antes de la acción de nuestra película.  

Si la memoria de la culpa es evidente en el pueblo y en sus reacciones frente a los desconocidos, el futuro que los espera no se ve muy prometedor. Los rusos están en el pueblo. Pasan en su automóvil, con sus uniformes, en cualquier momento surgen donde no se les espera. Asustan, amenazan. Algunos jóvenes se unen a ellos. Otros les dan lo que piden, para que los dejen en paz.

Este verano de 1945 fue para Hungría un tiempo entre dos ocupaciones. La ocupación nazi obligó, o facilitó, hacer cosas poco morales. La ocupación comunista, que durará mucho más tiempo, llevará al pueblo húngaro a más delaciones y crímenes, a más sufrimientos.

Pero el significado de la cinta no es solo psicológico o histórico. Es también la metáfora de lo que esta pasando actualmente en Europa, y particularmente en Hungría, desde el verano 2015. Los pueblos se asustan, cierran sus fronteras frente a los extranjeros que llegan en cantidades enormes, de Siria. La estación de Budapest se llenó de gente esperando, pensando que tal vez serían recibido y podrían encontrar hogar y trabajo. Pero el número tan grande se volvio amenaza. Como en La fille inconnue (2016) de los Hermanos Dardenne, el desconocido que toca a la puerta tiene muy poca probabilidad de ser recibido con los brazos abiertos.

El humo que invade el cielo al final de 1945 puede ser recuerdo de los hornos crematorios, puede ser imagen de tragedia, o puede ser el humo negro que anuncia catástrofes.


Que se lo vea como parábola o como relato histórico, 1945 es una película hermosa, y que pone a reflexionar.